Una reflexión literaria sobre la manada por Isabel Olmos Parés, Magistrada del TSJG

24 septiembre, 2019 hablamos de feminismo, Violencia de género

 

Mi profesión desde hace más de veinte años es la de juez, pero el placer de leer y escribir lo descubrí mucho antes, cuando era niña y escribía novelas imitando a Enid Blyton. Después, los estudios y el trabajo me apartaron de la literatura hasta que hace cuatro años me apunté a un taller colectivo de escritura creativa, Polisemias, que dirigía Pedro Ramos. Ese año publicamos entre todos un libro de relatos, La muñeca rota; los cuentos tenían un tema común: la violencia de género.

A raíz del suceso conocido como La Manada de Pamplona, en julio de 2016, decidí que escribiría una novela en la que el protagonista y narrador sería uno de sus integrantes. Me había impactado el hecho de que quienes participaron, no solo eran personas normales y corrientes, sino que algunos tenían como profesión la de proteger a los ciudadanos. Ese es para mí el hecho clave de su dimensión social. Cuando empezó el juicio de la Manada, en febrero de 2018, la novela con el título de No duerme nadie ya estaba escrita y enviada a una docena de editoriales, dónde fue rechazada sistemáticamente. Coincidió ese momento con un extraordinario impacto mediático del juicio, lo que yo no había buscado a propósito; para mí la trascendencia social de la violación múltiple de Pamplona quedó clara desde el primer día.

En enero de 2019, tuve el honor de quedar finalista con esta novela en el I Premio Internacional de novela negra y denuncia social Auguste Dupin de la editorial Distrito 93. Finalmente, en febrero de 2019, una editorial pequeña de Madrid, Editorial MaLuma, se ofreció a publicármela.

No es la primera vez que una novela trata de ficcionar con más o menos exactitud un hecho delictivo. Grandes novelas como A sangre fría, de Capote, o El adversario de Enmanuel Carrère, a las que no pretendo siquiera compararme, son ejemplos de cómo puede tratarse de forma literaria un hecho delictivo muy mediático, a medias entre la ficción y la realidad documentada, a través de la información directamente obtenida por el autor de los propios delincuentes. En este caso, el texto solo está inspirado en el caso real, no está basado en él, de modo que me he permitido ficcionar (inventar) todos los entresijos que en mi opinión coexisten dentro de un grupo de esas características, al tiempo que el suceso se enmarca en un contexto más amplio. Y es que la novela trata otros temas. El desencanto de los jóvenes, el sexismo, la violencia de la sociedad, la droga, el desprecio por las tradiciones, la sexualidad, la homofobia, la xenofobia, la falta de cultura, de valores, el materialismo.

En ese sentido, aunque la novela puede clasificarse como novela negra en atención a que aborda aspectos sórdidos de la existencia humana: el sexo como poder y el grupo como elemento de deshumanización de sus integrantes, también intenta tratar otros temas conexos. Como afirma Dolores Redondo, autora de la trilogía del Batzan, se trata de mezclar el género de novela negro con otros aspectos e intereses que puedan enriquecerla.

Cada uno de los personajes que se pueden encontrar en la novela personifican diferentes aspectos de la sociedad. Por un lado, está el protagonista, Jorge, desencantado con su trabajo y su vida. Va a cumplir los treinta, pero todavía no ha encontrado su sitio en el mundo; junto a él están Alex y Manu. Alex tiene novia y ella lo presiona para ir a vivir juntos. Manu es el único que confía en los vínculos sagrados de los colegas; la manada está por encima de todo lo demás, pero en Pamplona las cosas empiezan a complicarse cuando Jorge conoce a Arantxa y los abandona. Ella puede ser su salvación. Ellos son tan solo tres jóvenes de barrio, de la periferia de Madrid; ellos representan la violencia, en sus múltiples formas, y el sexismo, ingredientes básicos de la novela y también de nuestra sociedad.

En Pamplona conocen a unas chicas vascas de dieciocho años. Su comportamiento confuso, queer, en contra, como diría Paul. B. Preciado, de un heterosexualismo de Estado provoca la confusión de la manada, de Manu, que lucha por reestablecer el orden establecido, que no es otro que la heterosexualidad normativa y obligatoria. También Jorge, el protagonista, tiene un comportamiento sexual confuso. Ese es un factor relevante en la novela; la violencia sexual es también una respuesta, poco elaborada, por supuesto, a una nueva revolución sexual que todavía está por llegar, pero se adivina. En ese sentido, la relación de Jorge y Arantxa representa el prototipo de relación amorosa predominante y que se nos vende en las películas, en las redes sociales y en la publicidad. Nada qué decir en su contra, pero esa relación va a ser sacrificada en aras de objetivos más importantes a juicio del grupo.

Quiero destacar también el hecho de que el punto de vista no es el de la víctima, ni el del policía o detective que investiga, sino que la novela está narrada desde el punto de vista de uno de los miembros de la manada, es decir, de uno de los autores de la violación. Está narrada en primera persona, de modo que solo conocemos lo que piensan los demás miembros del grupo a través de Jorge; eso implica que el punto de vista de la víctima es prácticamente inexistente. Concebí de ese modo la novela porque eso me permitía ser como una especie de infiltrada, me introduje en la mente de Jorge y de allí no salí hasta el final. Podía haber alternado los puntos de vista, y pasar de Jorge a Alex y luego a Manu, pero construí esos personajes de forma más simple; sus comportamientos y actitudes pasan así por el filtro de Jorge, lo que da un ritmo más ágil a la novela; aspecto éste que también me parecía relevante. En definitiva, traté de que esas 48 horas en Pamplona tuvieran la misma velocidad que la de una manada real (formada por toros y mansos), cuando recorre un encierro cualquiera de los sanfermines.

He podido comprobar cómo el suceso de la violación múltiple de Pamplona ha movilizado a muchas mujeres de España, como no podía ser de otra forma, pero también a muchos hombres. Espero que todos ellos sean futuros lectores.

Isabel Olmos Parés.

 

 

 

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