Negacionismo de la Violencia de género por Dolores Fernánde Galiño, Valedora do Pobo

05 septiembre, 2019 hablamos de feminismo

Para el Convenio del Consejo de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia de género (Estambul, 2011) la violencia contra las mujeres es “una violación de los derechos humanos y una forma de discriminación contra las mujeres” que designa “todos los actos de violencia basados en el género que implican o pueden implicar para las mujeres daños o sufrimientos de naturaleza física, sexual, psicológica o económica, incluidas las amenazas de realizar dichos actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, en la vida pública o privada”. También define el género como “los papeles, comportamientos, actividades y atribuciones socialmente construidos que una sociedad concreta considera propios de mujeres o de hombres”. Se trata de un concepto decisivo en la comprensión de la violencia contra las mujeres, y de ahí la relevancia de su recepción en un texto con valor normativo, algo que hasta ahora no teníamos en el ordenamiento jurídico español.

Sobre la base de estas definiciones, el Convenio de Estambul obliga a los Estados Parte a adoptar las medidas legislativas o de otro tipo necesarias para tipificar como delitos los siguientes hechos, siempre que se cometan intencionadamente: violencia psicológica (artículo 33); acoso (artículo 34); violencia física (artículo 35); violencia sexual, incluida la violación (artículo 36); matrimonios forzosos (artículo 37); mutilaciones genitales femeninas (artículo 38); aborto y esterilización forzosa (artículo 39). También el Convenio de Estambul obliga a los Estados Parte a adoptar las medidas legislativas o de otro tipo necesarias para que el acoso sexual (en este caso sin exigir una intención) sea castigado con sanciones penales u otro tipo de sanciones (artículo 40).

De este modo, según el Convenio de Estambul serían constitutivas de violencia de género las siguientes conductas tipificadas como delito en el Código Penal español:

— Violencia cometida por la pareja o ex pareja (que es, en la legislación española vigente, la única manifestación de violencia de género calificada explícitamente como tal violencia de género), y violencia cometida por otros familiares varones (padres, tíos, hermanos o hijos; cónyuge o pareja de la madre), incluyendo la violencia sexual (en particular abusos sexuales a niñas y situaciones incestuosas).

— Feminicidio íntimo directo (asesinato / homicidio de una mujer por su cónyuge, pareja, familiar o similar) o relacional (se mata a una persona por su relación con la mujer), y feminicidio no íntimo (se mata a una mujer sin relación con el agresor).

— Delitos sexuales en toda su extensión: violaciones, agresiones, abusos sexuales e imposición de cualquier relación sexual no deseada; violaciones grupales (muy mentadas tras el caso de la manada; en Francia se conocen como tournantes).

— Rapto, consistente en el secuestro de una persona con finalidad de acceso carnal que tiene usualmente por víctimas a las mujeres.

— Mutilaciones genitales femeninas.

— Matrimonios forzosos y matrimonios infantiles

— Sustracción de bebes a madres solteras con la finalidad supuestamente beneficiosa para el bebe de darle una familia decente.

— Abortos forzados, esto es la práctica de un aborto realizado a una mujer sin haber recabado de esta su consentimiento previo e informado.

— Trata de personas (usualmente mujeres y niños o niñas) con fines de explotación sexual; venta de niñas; diversas formas de explotar la prostitución ajena.

— Acoso consistente en el hecho intencional de adoptar, en varias ocasiones, un comportamiento amenazador contra otro que le lleve a temer por su seguridad (stalking).

— Embaucamiento de niñas o mujeres adolescentes, usualmente a través de nuevas tecnologías, con la finalidad de obtener imágenes sexuales que ellas mismas facilitan, o más genéricamente de obtener cualquier avance sexual (grooming).

— Difusión de imágenes sexuales, obtenidas legítimamente en el contexto de una relación sexual consentida que luego se rompe (revenge porn) o ilegítimamente, usualmente a través de nuevas tecnologías, lo que en alguna desgraciada ocasión ha conducido incluso al suicidio de la víctima; o amenaza de difundirlas (sextorsión).

— El upskirting o fotografiar a mujeres en espacios públicos debajo de la falda.

— Acoso sexual o sexista en el trabajo, o en otras relaciones, que son delictivos en determinadas circunstancias más graves, siendo en los demás casos ilícitos civiles.

Que las víctimas de todas las anteriores conductas sean exclusiva o mayoritariamente mujeres no puede ser una casualidad. Una aleatoridad de ese calibre no existe en la realidad de la vida. Debe existir una explicación en forma de denominador común que permita explicar tanto la existencia de dichas conductas como su evidente incidencia sobre el sexo femenino. Y ese denominador común es el género. Por ello, la violencia de género no es una casualidad sino que es un fenómeno estructural basado en el género, y así se dice en Preámbulo del Convenio de Estambul: “la naturaleza estructural de la violencia contra las mujeres está basada en el género”.

Considerar que la violencia existe también contra los hombres, bien en el ámbito familiar o bien en un contexto más general, con lo cual la violencia de género no existe como tal violencia de género o, cuando menos, no debe ser tratada de una manera diferente a las demás violencias, es una postura negacionista que no resulta justificable, pues siendo obviamente cierto que los hombres son también víctimas de delitos violentos (y que esos delitos violentos se pueden producir en el ámbito doméstico), de ahí no se puede deducir lógicamente que la violencia de género no exista ni que se debe diluir en el concepto general de violencia dado que, con igual obviedad, debemos concluir que la violencia de género existe con unas características propias que deben ser conocidas para poder luchar contra ella de manera efectiva (y que determinan adicionalmente que la mayor parte de los delitos cometidos en el ámbito doméstico tengan por víctimas a las mujeres), de la misma manera que (por poner ejemplos) la violencia racista, mafiosa o terrorista tienen características específicas que necesitan ser conocidas, y tomadas en consideración en la legislación, para poder luchar contra ellas.

El negacionismo resulta ser una manifestación secundaria de violencia de género, pues si bien quien niega no comete actos de violencia, con la negación los legitima.

 

 

 

 

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