MUJER, LESBIANA Y DE MINORÍA ÉTNICA .- Por José Julio Fernández Rodríguez Universidad de Santiago de Compostela

11 septiembre, 2019 hablamos de feminismo

 

A veces el cine nos ofrece historias de indudable interés sociojurídico, que nos permiten, a pesar de la ficción de la que proceden, reflexionar sobre cuestiones clave que tal vez logren abrirnos un futuro mejor. Además, la narración audiovisual ha demostrado tener gran capacidad de influir en el espectador, lo que se convierte en un interesante elemento de socialización y formación.

En este sentido, la película titulada Carmen y Lola (Arantxa Echevarría, 2018) es un ejemplo de lo que estoy comentando. Se trata de una historia de un amor lésbico entre gitanas que evidencia y critica la situación de estas personas. El film, pese a su oportunidad, ha sido polémico, recibiendo ataques de diferente tipo. Sea como fuere, ahora nos sirve de punto de partida para los comentarios que efectuamos a continuación, sin pararnos más en tal obra, y sin que entremos en las denuncias de estereotipos.

Resulta evidente que hay situaciones en las que la discriminación adopta un perfil especialmente intenso. Por discriminación podemos entender una desigualdad que afecta a la dignidad de la persona, que por lo tanto resulta inaceptable en el Estado democrático de derecho. El moderno constitucionalismo se construye desde finales del siglo XVIII luchando contra la desigualdad proveniente del Ancien Régime, y de forma progresiva se van alcanzando cotas de igualdad, a pesar de las múltiples barreras en tal proceso. Ya en el siglo XX, las constituciones democráticas y los tratados internacionales de derechos humanos han sentado unas bases que prohíben la discriminación.

Sin embargo, llegados al siglo XXI permanecen situaciones inaceptables, sobre todo cuando se cruzan y superponen varios elementos que las recrudecen. En este sentido, a los problemas que todavía sufren las mujeres, se les suman los propios de una legítima opción de orientación sexual como es el lesbianismo. Un doble yugo que pesa demasiado. Y, para mayor escarnio, formar parte de una minoría étnica genera un tercer peso que destruye anímicamente a la persona. Este contexto puede dificultar el abordaje externo de la situación por parte de agentes sociales o públicos que en otro entorno serían más eficaces en tal labor.

La cuestión se nos revela como terrible al existir una triple discriminación derivada de las estructuras patriarcales que todavía perviven en ciertos sectores de la sociedad. Dichas estructuras son capaces de reproducirse y pervivir sin ninguna otra justificación que la tradición heredada. Incluso, se acude a la tecnología digital para instauran situaciones de control de la mujer más incisivas y continuas. La falta de empoderamiento de estas víctimas y la ausencia de recursos propios elimina cualquier opción al margen de la que le marca su comunidad.

Es importante que la opinión pública visualice tales situaciones, muy negativas, que cosifican a la persona e impiden una realización aceptable como tales. ¿Cómo se sigue discriminado a una mujer por el hecho de ser mujer? ¿cómo se continúa rechazando a ciertas personas por su elección de orientación sexual? ¿cómo todavía no es obvio que la raza humana es una y que sus integrantes son iguales al margen de la etnia a la que pertenezcan? Preguntas que deben agitar nuestras conciencias y que nos empujan a la movilización desde las distintas posiciones que ocupamos.

A nivel jurídico constitucional la prohibición de la discriminación y la lucha contra la desigualdad están claras. Así, en nuestra Carta Magna se recogen tanto el principio de igualdad formal (art. 14) como el de igualdad material (art. 9.2) y el valor igualdad (art. 1.1). Sobre esta base una amplia normativa de desarrollo concreta distintos extremos. Por lo tanto, no creemos que en España exista un problema de regulación jurídica en este sentido. A nivel internacional también encontramos normativa clara al respecto, como la Convención de Naciones Unidas de eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (1979). La cuestión está, por lo tanto, en la verdadera aplicación de estas previsiones de igualdad e, incluso, en el diseño de políticas públicas más eficaces en cuanto a sus objetivos y destinatarios (por ejemplo, puede resultar absurdo hacer una campaña en favor de la igualdad en una facultad de derecho en detrimento de otra de similar índole en un barrio donde las estadísticas recogen sucesos de discriminación). Estas políticas tienen que servir para fortalecer la toma de decisiones de esas mujeres y empoderarlas social y económicamente.

¿Qué hacer? Al margen de los esfuerzos que deben realizar las autoridades públicas, en prevención y persecución, la verdadera clave es la educación. Una educación abierta y tolerante, fortalecida democráticamente, que trate de superar las situaciones que llevan a la discriminación. El Estado Social tiene que ser muy activo para tratar de que las personas que integran las minorías étnicas accedan y se mantengan en el sistema educativo, y tenga verdaderas opciones de llegar a la educación superior. Solo así, verdaderamente, nos convertiremos en la sociedad democrática avanzada que proclama nuestro preámbulo constitucional y superaremos las disfunciones provenientes de un pasado oscuro.

The comments are closed.


GABINETE DE COMUNICACIÓN

Rúa do Hórreo, 65
15700 Santiago de Compostela
A Coruña
Teléfono [+34] 981 56 97 40
FAX [+34] 981 57 23 35

comunicacion@valedordopobo.gal