LAS MUJERES DEL NORTE, TAN CERCA Y TAN LEJOS por  Emma Rodríguez Rodríguez. Profesora Contratada Doctora (Acreditada a Titular) de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social. Universidad de Vigo

03 junio, 2020 hablamos de feminismo

Al pensar en la igualdad entre hombres y mujeres inevitablemente reparamos en el reparto equilibrado de las responsabilidades de la vida, tanto en el ámbito del empleo, como en el sector más íntimo y privado, en la asunción de responsabilidades compartidas dentro de nuestro hogar. Esta perspectiva no es nueva, ni mucho menos, aunque cada vez es más cercana a la opinión pública y demandada en cualquier familia en el día a día. ¿Quiere esto decir que las madres y mujeres de hoy son más “modernas” que las del siglo XX?. Pues no lo creo, sencillamente han evolucionado con los tiempos y con las leyes que nos han venido del norte de Europa.

No es casualidad que la primera Directiva que reconoce el permiso parental, por tanto, norma legal vinculante para los Estados Miembro de la Unión, vea la luz bajo la presidencia de turno sueca. Este hito de mediados de la década de los noventa es una manifestación clara de la importancia que siempre ha implicado la igualdad entre hombres y mujeres, en todos los aspectos, para los países del Nordic Model –Noruega, Suecia, Finlandia, Islandia y Dinamarca-.

Es cierto que son sociedades profundamente marcadas con la seña de identidad del feminismo. Pero, lo que es menos conocido, es que no surge de la causalidad o directamente del matriarcado de las tribus vikingas –como ahora hemos podido comprobar en magníficas series de televisión-. A pesar del mito o la leyenda que ha ungido su historia con un halo de superioridad femenina cuasi innata, fueron las leyes nacionales las que impusieron ciertas obligaciones de cuidado respecto de los hijos e implicaciones en el hogar, amén de las importantes sanciones que implicaba saltárselas. Así que fue el legislador quién se metió en los hogares a repartir los quehaceres, sí, algo tan poco liberal y que les ha llevado a convertirse en los países más prósperos y con mejores rankings en calidad de vida.

Estos pueblos crecieron y se expandieron gracias a la pesca, a las conquistas de nuevos territorios que le llevaron incluso a disputar el trono de París o de ciertos condados ingleses, tareas todas ellas vinculadas directamente al género masculino, con presencia femenina minoritaria. La maternidad se protegía y se veneraba como la base en la que se apoyaba la riqueza de unos territorios con una tierra infértil y una climatología muy dura para el desarrollo vital, casi de cualquier ser vivo. Y, tras las guerras por la delimitación de sus propias fronteras, su pirámide poblacional se vio sacudida con fuerza por las Guerras Mundiales, especialmente la Segunda. Sus abruptas peculiaridades geográficas que hoy son un atractivo turístico, en esa época les colocaron en una situación estratégica muy ventajosa para refugiar a los temidos submarinos alemanes. Las atrocidades que los habitantes de estos pobres territorios soportaron, mermaron hasta el extremo a la población masculina, al ser reclutados para servir en las batallas más duras. Las mujeres, víctimas de topo tipo de atropellos que ahora evito describir, se armaron más que nunca con la valentía de las vikingas y comenzaron a ocuparse de todo un pueblo arrasado por los abusos de unos y otros.

Algunas de estas mujeres consiguieron no sólo salir adelante, sino también prosperar con explotaciones agropecuarias –Finlandia, antes de Nokia era un pastizal para ovinos, como los describen las crónicas de la época- y estudiar en prestigiosas universidades inglesas o alemanas. Dinamarca, por estar más próximo al continente europeo, mantuvo un nivel de vida más cercano a los países del sur y también acogió importantes núcleos de estudio y de formación para mujeres. Así que sí, las mujeres del norte haciendo honor a esa herencia vikinga, no sólo resucitaron una sociedad sacudida y vilipendiada por la guerra, sino que la hicieron crecer, la organizaron a su medida, reclamando la economía de los cuidados como un motor fundamental que lleva implícito el reconocimiento de la verdadera igualdad entre los géneros. Fueron movimientos feministas expansivos que contagiaron a sus vecinas germanas, pero que parecía perder fuelle a medida que descendía a los destinos europeos de “sol y playa”.

Islandia se convirtió en la locomotora de este movimiento feminista que tras las primeras huelgas de los años sesenta, desembocaron en la primera gran movilización en 1975, – acudieron el 90 % de las islandesas- por la igualdad de derechos y la conciliación laboral y familiar. Poco después, crearon el “Consejo de Mujeres” a través del que consiguieron alcanzar el 30% de representación parlamentaria. Pero, en esta incorporación de la mujer a puestos de representación de la vida pública destaca que Islandia fue el primer país del mundo en elegir a una presidenta en 1980, Vigdís Finnbogadottir, una madre soltera que se mantuvo en el cargo 16 años.

Las políticas públicas que se han impulsado desde entonces en los diferentes países nórdicos han contemplado la igualdad entre los géneros desde una perspectiva verdaderamente transversal y primordial. La economía de cualquiera de estos países no se concibe sin las altas tasas impositivas que se destinan, en una gran medida, al apoyo de las políticas de conciliación. En la década de los años 2000, el legislador noruego no dudó en sancionar seriamente a las empresas que no contasen con una cuota concreta de mujeres en sus consejos de administración, cuota que goza de carácter progresivo hasta alcanzar la paridad. Tampoco, años antes, Suecia se reprimió al establecer multas importantes para quienes, disfrutando del permiso parental, estuviesen en otros quehaceres lúdicos –juegos de invierno- o no tanto –cazando salmón-. Los permisos parentales se convirtieron en obligatorios e intransferibles, apartándose de políticas proteccionistas hacia el sexo femenino que seguían enarbolando países como Alemania. Las últimas normas que han aprobado van en la línea de eliminar la brecha salarial, con el éxito de haberla reducido ya al 5%, frete a la media del 16% del resto de los países de la Unión.

Algunos dirán que es fácil conseguir esto en países pequeños, con gentes acostumbradas a esto de la igualdad real entre los géneros, que ya lo llevan en su esencia, incluso se alega que tienen petróleo y por eso pueden invertir en estas cosas. Lo cierto es que no creo que sea nada de eso, simplemente me parece que es una cuestión de elegir cómo detentar el poder, cómo invertir los recursos y aplicar o desarrollar políticas públicas. Tengamos presente que el feminismo es un movimiento democrático que busca la igualdad y lucha contra la discriminación en el empleo y en la vida, en general. Igual que IKEA, ha venido del norte para quedarse, más allá de la complicación que a veces implique encajar las piezas.

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