Hoy en «Hablamos de Feminismo» publicamos el siguiente artículo: ESCUCHAR LA MÚSICA CON PERSPECTIVA DE GÉNERO por José Fernando Lousada Arochena, Magistrado, docente y escritor

22 abril, 2021 actualidad, actualidade, Noticias

PREJUICIOS EN LA MÚSICA Y (MÁS PREOCUPANTE) EN QUIENES LA ESCUCHAN

 

Los prejuicios y estereotipos basados en el género se infiltran en todas las situaciones de la vida, en todas las relaciones sociales, en todas las manifestaciones de la cultura. El Feminismo se ha propuesto visibilizarlos y para ello realiza una revisión crítica de todo lo establecido. Y en ese escrutinio no podía faltar una revisión crítica de toda la Música que nos permite concluir que ningún género musical merece salvarse. Ni siquiera la música clásica que opera con la importante ventaja de que sus composiciones en su mayoría no tienen letra; pero ello no impide constatar la escasa representación (cuando no nula) de las mujeres como compositoras, como directoras de orquesta o siquiera ya como intérpretes, en los repertorios de los festivales o en las programaciones de las grandes orquestas. Y no es creíble que, a día de hoy, no haya mujeres sobradamente formadas para ostentar cubrir una representación significativa.

La ópera, en que aparentemente las mujeres están empoderadas en la figura de la soprano (la prima donna), ostenta el más que dudoso mérito de que fallecen la mayoría de sus protagonistas femeninas principales (véase la trilogía de Puccini: Madama Butterfly, Tosca y La Bohème; o Carmen de Bizet, en alguna de cuyas últimas representaciones se le ha dado un final alternativo donde quien muere es Don José con el fin de denunciar la violencia de género y ello fue a costa de una fuerte contestación). Más llamativo resulta el machismo en la música popular por obvias razones: está más cercana a la ideología imperante en la sociedad, y además tiene letras delatoras, muchas veces reflejando actitudes canallas, transgresoras, rebeldes… y sexistas.

La copla tiene grandes ejemplos gloriosos. Basta recordar el fandango de Manolo Caracol: “mi cuchillo le clavé / porque me engañó con otro/ y cuando muerta ella estaba / de pronto yo recordé / que yo también la engañaba”. Letras parecidas encontramos en la samba brasileira, en el tango argentino o en el blues estadounidense. Por supuesto, también la música pop y rock, en la que me voy a detener.

Veamos un ejemplo significativo: Run for your life (corre por tu vida) de los Beatles (1965), en la cual destacan las siguientes líneas “preferiría verte muerta, little girl / antes que con otro hombre… bien, ya sabes que soy un chico malo / y celoso de nacimiento… si te pillo con otro hombre / es el fin, little girl” (con la letra de un joven John Lennon). Los Rolling Stones también tienen perlas en su repertorio. En la emblemática Under my thumb (1966): “bajo mi pulgar, la chica que una vez me dominó ahora depende de mí”. O en la también emblemática Brown sugar (1971): “un viejo esclavista con cicatrices sabe que está bien / escucha cómo azota a las mujeres a la medianoche”.

No todas las canciones machistas son un llamamiento al feminicidio, o transmiten un mensaje abiertamente violento. Otras reflejan prejuicios, estereotipos y/o prácticas consuetudinarias o de cualquier otra índole que están basadas en la idea de la inferioridad o superioridad de cualquiera de los sexos o en funciones estereotipadas de hombres y mujeres. Varios ejemplos de esta misoginia en Led Zeppelin (lo reconozco: mi banda preferida): la mujer es objeto sexual y a la vez la perdición (femme fatale): “el alma de la mujer fue creada más abajo” (Dazed and confused, 1969); “hey, hey, nena, he visto como te mueves / te voy a hacer sudar, te voy a hacer disfrutar… no lo sé, pero me han dicho / que una mujer de piernas largas no tiene alma” (Black dog, 1971). Let put my love into you de AC/DC (1980) nos puede hacer pensar en una violación o acaso solo es una canción falocéntrica (lo que tampoco la libra de la crítica): “dándole que te pego toda la noche con mi maquinaria / por que yo, yo tengo el poder a cualquier hora / de mostrar el hombre que hay en mi / destrozando reputaciones con mi artillería… no te resistas, no ofrezcas pelea… déjame introducir mi amor en ti, nena”.

También en el rock español se encuentran canciones cuyos títulos ya lo dicen todo: “Hoy voy a asesinarte” (Siniestro total, 1982), “La mataré” (Loquillo, 1987), o “Corazón de tiza” (Radio Futura, 1990), en la cual se dice “si te vuelvo a ver pintar un corazón de tiza en la pared, te voy a dar una paliza por haber escrito mi nombre dentro”.

Dentro de este listado (y en el grupo de machismo violento), nos encontramos con la canción más emblemática de The Police: Every breath you take (1983). Veamos algunos pasajes: “Cada aliento que tomes / cada movimiento que hagas / cada atadura que rompas / cada paso que des / te estaré vigilando”. Más adelante: “Oh, ¿no puedes ver / que tú me perteneces? / cómo duele mi pobre corazón / con cada paso que das”. Un caso de libro de stalking, una conducta tipificada como delito en el artículo 172 ter del Código Penal. Pero no he escogido esta canción por el carácter violento de la conducta relatada. Acabamos de ver ejemplos más contundentes de machismo violento. La he escogido porque suele ser valorada como una canción de amor. Y esto nos lleva a reflexionar no tanto en lo que dicen las letras de las canciones, sino en cómo pasan desapercibidas o (más grave todavía) cómo acaban siendo percibidas como no violentas, e incluso como positivas al considerar reflejan situaciones normales de amor pasional.

Sting, que creó la canción en la crisis de su matrimonio con Frances Tomelty, ha reconocido su desconcierto al ver cuánta gente tomaba la canción como mucho más positiva de lo que era dada su temática sobre el amor no correspondido, la obsesión con el amante perdido, los celos y la vigilancia que le siguen. En palabras de Sting: “Una pareja, me dijo una vez: ¡Oh, nos encanta esa canción; la elegimos para que sonara en nuestra boda! y yo pensé: Bien, buena suerte. Creo que es una canción muy, muy fea y siniestra y que la gente la ha confundido con una pequeña y dulce canción de amor”.

¿Por qué Every breath you take, una canción donde se habla de sentimientos machistas violentos, es confundida con una canción de amor? La respuesta es muy simple: porque no se visibilizan los nocivos estereotipos de género reflejados en la letra de la canción, o se visibilizan sin tomar conciencia de la necesidad de cambio, o incluso se considera lo relatado en la canción como una situación amorosa de lo más normal. Every breath you take fue considerada como la canción del año 1983, e incluida en varios listados entre las 100 mejores canciones de todos los tiempos (y reconozco que musicalmente también la incluiría). La Revista “Rolling Stone” la ha situado como la 84ª de las 500 mejores canciones de todos los tiempos (elaborada por 172 críticos, músicos y personas expertas de la industria; publicada en 2004 y revisada en 2011). Una fantástica canción con una letra cuestionable.

¿Qué podemos hacer con canciones como esta?

¿Por qué no escucharla con perspectiva de género?

Una propuesta necesitada de un desarrollo que debería pasar entre otras cosas que me limito a apuntar (aunque seguramente estas aportaciones despertarán comentarios a favor y en contra):

— por explorar la música hecha por mujeres en todos los estilos musicales constatando que en todos hay aportaciones femeninas (algunas muy reconfortantes: en el blues, uno de mis estilos musicales preferidos, encontramos canciones fuertemente patriarcales/machistas, pero también encontramos las consideradas primeras canciones feministas de la Historia de la Música en las voces de Ma Rayney o Bessie Smith);

— por analizar críticamente las canciones para detectar sesgos de género, aunque ello no necesariamente debe conducir a dejar de escuchar aquellas que sean sexistas, sino a oírlas conscientemente, es decir, sabiendo lo que dicen y abstrayéndonos del mensaje, para disfrutar de su aspecto musical; pero si no lo conseguimos porque nos hacen daño y no compensa musicalmente, sacarlas de nuestra lista de reproducción;

— por denunciar los sesgos de género de las canciones, no para que se prohíban (sería ir contra la libertad artística de quien las compone, las interpreta y las escucha), sino para que toda persona adquiera conciencia de lo que oye, no se lleve a engaño, y pueda decidir si quiere hacerlo o no (libertad informada); en algunos casos quienes las interpretan toman conciencia, y las retiran de su repertorio (ha pasado con Loquillo);

— por apoyar iniciativas correctoras de los sesgos de género de las canciones que los tengan negativos (algunos puristas se negarán a ello, pero bastará con recordarles un ejemplo magnífico de corrección: Respect en su versión original de Otis Reading es una gran canción con una letra criptomachista; mientras en la versión de la gran Aretha Franklin se ha mejorado musicalmente y además es un himno feminista).

Disfrutemos, pues, de Every breath you take (y de cualquier otro de los ejemplos que hemos puesto de canciones machistas/sexistas) si la oímos con conciencia y sin que nos moleste, y si no, dejemos de escucharla; en todo caso, denunciemos su sesgo de género para que esa decisión pueda ser tomada libremente por cada persona; y, sobre todo, para evitar que la conducta que en ella se refleja (que al propio Sting le lleva a calificar la canción como siniestra) sea percibida como amor en una relación de pareja y empiece a ser percibida como lo que es: un acoso con acecho: un delito de stalking

 

The comments are closed.


GABINETE DE COMUNICACIÓN

Rúa do Hórreo, 65
15700 Santiago de Compostela
A Coruña
Teléfono [+34] 981 56 97 40
FAX [+34] 981 57 23 35

comunicacion@valedordopobo.gal