EL EMPLEO DIGITAL DE LA CUARTA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL: PROPUESTAS EDUCATIVAS PARA LA INCLUSIÓN Y PROMOCIÓN IGUALITARIA DE LA MUJER por Lourdes Mella Méndez, Catedrática de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social. Universidad de Santiago de Compostela

05 febrero, 2020 hablamos de feminismo

 

Ante la inminente llegada de la Cuarta Revolución Industrial, el mercado de trabajo va a sufrir grandes cambios, por lo que conviene examinar no solo el tipo de empleo que va a desaparecer, sino también el que va a emerger y, especialmente, los requisitos y cualificaciones profesionales que serán necesarios para desempeñarlo. A la vista de los múltiples cambios tecnológicos que caracterizan dicha Revolución (por ejemplo, nuevas Tics, robótica, Industria 4.0, producción aditiva, Big Data o, en fin, impresión 3D), parece claro que ese tipo de empleo emergente será, mayoritariamente, de carácter técnico e informático. Así, algunos de los puestos que, ya ahora mismo, suscitan más demanda por las empresas son los de programadores y desarrolladores de software, gestores de sistemas, matemáticos, analistas de datos, gestores de bases de datos y similares. La demanda de estos perfiles profesionales se prevé continua y elevada, pues la transformación digital es un fenómeno transversal, que afecta a todos los sectores de la economía y sociedad, y no solo a los estrictamente técnicos. De hecho, la oferta actual de trabajadores altamente cualificados, con conocimientos tecnológicos e informáticos, resulta insuficiente, por lo que hay una bolsa de puestos de trabajo que están vacantes y esperando candidato. Según algún Informe, en 2020, la mencionada cifra puede alcanzar los 10.000 puestos de trabajo en España, y sobre 500.000 puestos en Europa[1].

Otro elemento relevante para tener en cuenta respecto del referido empleo es la calidad del mismo, en cuanto al nivel de las condiciones laborales disfrutadas por los trabajadores que lo protagonizan. Así, por ejemplo, la especialización del sector determina que los salarios sean más altos que en otros ámbitos profesionales -de media, un 22% más para ambos sexos-, y, desde una perspectiva de género, la diferencia salarial entre hombres y mujeres sea solo del 8,9%, o sea, inferior al porcentaje medio situado en torno al 14%[2], lo que resulta esperanzador y refleja la importancia de la presencia de la mujer en este sector económico y profesional.

Claros los sectores y puestos que van a generar empleo de calidad, conviene estar profesionalmente preparados para ocuparlos, para lo que resulta fundamental adquirir competencias técnicas y digitales, dando prioridad a los estudios de matemáticas, informática, tecnología y otros de naturaleza técnica. En este sentido, las estadísticas no ofrecen datos esperanzadores para las mujeres, en cuanto reflejan una disminución de la matrícula en este tipo de estudios, especialmente en el género femenino. Así, la Estadística de Estudiantes Universitarios del curso 2018-19[3] muestra que las mujeres se concentran en el ámbito de la Educación, situándose en el 78% con respecto al total de matriculados, y los hombres en Ingeniería y construcción y en Informática, con porcentajes del 72% y 88% respectivamente. También resulta destacable que, en dicho curso académico, solo el 7,3% de las mujeres eligió una carrera de la rama de Ingeniería y Arquitectura, frente al 29,4% de los hombres.

Las causas de este descenso de matrícula femenina se relacionan, principalmente, con aspectos subjetivos y sociales; los primeros parten de la dificultad objetiva de este tipo de estudios y de la menor confianza de las chicas en sí mismas y en sus propias capacidades (frente a los chicos) para afrontar y superar aquellos con éxito. Los condicionantes sociales se vinculan a estereotipos de género, fuertemente asentados en los diferentes grupos sociales (familia, amigos, escuelas, empresas), que indican cuáles son los trabajos “más apropiados” para las mujeres; estos apuntan más hacia el sector del cuidado, la sanidad o la enseñanza, es decir, puestos con una clara proyección social.

Ante la necesidad de poner fin a estas ideas limitadoras y la importancia de animar a las jóvenes a que cursen los estudios técnicos y tecnológicos que serán requeridos para los sectores emergentes del futuro, cabe adoptar una serie de medidas a nivel social y, especialmente, educativo. En este último, aquellas deben dirigirse a los tres elementos centrales del sistema: los planes de estudio, los estudiantes y los profesores. Veamos, con cierto detalle, lo que aquí se propone:

1) El incremento de contenidos técnicos y digitales en todos los niveles del sistema educativo. Para ello, deben modificarse los planes de estudio de los niveles iniciales (Primaria) e intermedios (Secundaria y Bachiller) del sistema educativo, e introducir nuevas materias específicas, lo que permitiría al niño habituarse a dichos temas desde edades tempranas y a través del juego, cuando todavía no hay una idea preconcebida (negativa) sobre la dificultad de aquellos o su mejor adecuación para los estudiantes de uno u otro sexo. Asimismo, resulta importante reforzar la oferta especializada de este tipo de estudios a nivel superior, tanto de carácter universitario como no universitario, esto es, de Formación profesional. Este tipo de estudios se debe plantear como de carácter práctico y en contacto con el mundo empresarial.

Asimismo, aparte de en cursos especializados, es aconsejable la inclusión transversal de los contenidos tecnológicos e informáticos (al menos de algunos de ellos, como TIC y tecnología) en la generalidad de los planes de estudios, tanto de niveles inferiores como de los superiores, haciendo hincapié en sus aplicaciones prácticas para las otras materias -aparentemente ajenas- que son cursadas por el alumno. Sin duda, esto es algo posible en la mayoría de ellas, pues la tecnología tiene el potencial de transformar casi todas las áreas de conocimiento (salud, cultura, medicina, economía) y ofrecer nuevas posibilidades a la sociedad.

2) La puesta en marcha de acciones eficaces de información, formación y concienciación de los estudiantes sobre la naturaleza, contenidos y salidas profesionales de este tipo de estudios técnicos. Dichas acciones pueden y deben ser realizadas por parte de los centros educativos que forman a los estudiantes en los primeros niveles, especialmente en la etapa de la Educación secundaria obligatoria, que es cuando los alumnos ya tienen que empezar a elegir un itinerario de ciencias o letras, y, por supuesto, en el Bachiller, tras el cual ya deben elegir la concreta carrera a cursar entre los múltiples estudios universitarios o no universitarios disponibles.

Para conseguir el objetivo perseguido, dichas acciones deben poner especial atención en las estudiantes y en las causas ya apuntadas que las apartan de estos estudios. Así, debe analizarse objetivamente su dificultad técnica y profundizarse en las salidas y contenidos sociales de estos. En ocasiones, la presentación formal de los planes de estudio no es suficientemente indicativa al respecto y no permite apreciar, con facilidad, las aplicaciones prácticas reales de los conocimientos técnicos a adquirir. Por ejemplo, podría ser útil la participación en una actividad formativa en la que se pusiese de manifiesto la utilidad social de los estudios de ingeniería o matemáticas para construir una planta de reciclaje y cuidar del medio ambiente o de un informático para inventar un programa digital de acompañamiento de personas mayores que viven solas o enfermas y necesitan atención.

Y 3) el incremento de la formación -tanto técnica como en igualdad de género- de los profesores y tutores que enseñan y orientan a los alumnos en los niveles educativos iniciales. Respecto de la formación técnica, son los propios profesores los que reconocen la insuficiente formación recibida en este ámbito (principalmente, matemáticas, tecnología, TIC o informática) en el plan de estudios de su propia carrera académica (Magisterio o Ciencias de la Educación). Por ello, este plan debería reformarse para incrementar el número de asignaturas de formación básica obligatoria relacionadas con tales conocimientos, incluso con independencia del área de especialización final del docente, dado el carácter transversal de tales materias. Con posterioridad, el plan de formación continua del profesorado debería mantener a los profesores actualizados en todo este nuevo conocimiento técnico e informático, especialmente en cuanto este último también puede ser utilizado como instrumento de enseñanza-aprendizaje en las aulas.

De igual manera, también resulta clave la formación de los docentes y tutores en la materia de igualdad de género, en particular sobre su impacto en el sector tecnológico. En efecto, en cuanto lo pretendido es aumentar el número de mujeres en los estudios técnicos, también es importante formar a todo el colectivo de educadores, tutores y orientadores, en particular a los especializados en aquellos estudios, sobre la trascendencia de conseguir una igualdad de género real en estos ámbitos profesionales. Los educadores no pueden educar en paridad si, antes, no han sido formados en cuestiones de igualdad, siendo especialmente significativa esta preparación específica en los profesionales que trabajan con niños de 8 a 12 años, pues es a esa edad cuando se crean las brechas de género y se afianzan los estereotipos sobre los estudios más apropiados para uno y otro sexo.

En fin, queda claro que la adopción de medidas eficaces para incrementar la presencia y protagonismo de la mujer en el mercado de trabajo digital debe empezar por el ámbito educativo, y contar con la implicación y cooperación de los diversos sujetos y organizaciones protagonistas en este ámbito, particularmente con los que tienen capacidad de toma de decisiones y de implementación de acciones específicas para impulsar el cambio real (autoridades gubernativas, políticas, educativas, sociales, asociaciones de padres y alumnos y otras instituciones relacionadas con los estudios técnicos y la igualdad de género). Además, un verdadero cambio en este tema exige la ejecución de todas las medidas aquí apuntadas de manera simultánea y sostenida en el tiempo. Tal implementación a largo plazo es fundamental para permitir normalizar el mensaje de la igualdad de género en todos los sectores profesionales y para todas las generaciones que conviven en la sociedad actual.

 

 

 

[1] Cfr. la patronal tecnológica DigitalES

https://www.digitales.es/wp-content/uploads/2019/04/4992d83f708dd970994aa6c9889c18ab.pdf En igual sentido, se expresa la UE https://ec.europa.eu/digital-single-market/en/policies/digital-skills

[2] Informe “Mujeres en la economía digital en España 2018”, de la Asociación DigitalES, https://www.digitales.es/uploads/3430b5420bfdb0dea0b4b79bf8217a3e.pdfp. 20.

[3]http://www.educacionyfp.gob.es/dam/jcr:d0fa022e-0608-427e-a873-cde26390ec4c/nota%20de%20prensa%20eeu-2018.pdf

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