El ciberacoso en la universidad: a la búsqueda de nuevas estrategias adaptadas a los nuevos espacios de convivencia por Alicia Villalba Sánchez, Profª Ayudante Doctora de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social, Universidad de Santiago de Compostela.

20 julio, 2020 hablamos de feminismo

De un destino instrumental, las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación evolucionaron hasta erigirse en un elemento transformador del comportamiento humano. Concebidas para transmitir datos, revelaron su idoneidad como medio a través del cual establecer, desarrollar y poner fin a todo tipo de relaciones interpersonales. Recluido en un espacio y en un tiempo propios, el ciudadano de este siglo fue perdiendo puntos de encuentro otrora dados por unos vínculos familiares y comunitarios paulatinamente debilitados. Aquellos fueron sustituidos por otros virtuales, capaces de unir individuos debido a sus afinidades, más allá del distanciamiento físico que medie entre ellos. Cuando aquella afinidad surge de la pertenencia a una misma institución, brotan espacios virtuales frecuentados por unos miembros que también acostumbran a compartir el espacio físico. Tal acontece con la comunidad universitaria, en el seno de la cual fue creciendo un tejido de relaciones digitales, desarrolladas de manera paralela y complementaria a las presenciales. Este espacio virtual adquirió un notable protagonismo desde que la contención de la pandemia hizo del distanciamiento físico una regla, deviniendo así el único donde dar continuidad a la actividad universitaria.

Si la epidemias puso de manifiesto las ventajas de este ecosistema virtual, la precipitada  migración hacia aquel debe servir como advertencia de los peligros que supone la insuficiente regulación de un entorno donde la interacción difiere sustancialmente de la tradicional. El aislamiento que padece el emisor lo alienta a una sobreexposición de parecer entretanto construye una suerte de “personalidad virtual”, revelando aspectos íntimos que lo hacen vulnerable ante posibles ataques. Al mismo tiempo, el antedicho aislamiento recrudece un particularismo a menudo germen de actitudes intolerantes. En este caldo de cultivo, no es de extrañar que aquellas se traduzcan en conductas agresivas dirigidas a una víctima fácilmente localizable y amparadas por el anonimato que aparentan brindar los canales virtuales. Si a los dos factores anteriores se añade el carácter intrusivo de una tecnología que supera los clásicos límites espacio-temporales, es sencillo imaginar a una víctima sumida en el ambiente intimidatorio, hostil, degradante, humillante u ofensivo que en su momento se pretendió atajar mediante la aprobación de protocolos destinados a prevenir y combatir el acoso discriminatorio por razón de género en la universidad.

Reparando en la necesidad  de cobijar la investigación y la transmisión del conocimiento en un ambiente donde imperara la diversidad y el respeto, las universidades gallegas se dotaron tiempo atrás de su respectivo protocolo destinado a prevenir el acoso discriminatorio por razón de género. Se trata de instrumentos inicialmente aprobados al amparo de la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad mujeres y hombres, y diseñados para la prevención del acoso sexual y del acoso por razón de sexo[1], cuyo ámbito de aplicación fue dilatado hasta abarcar aquel otro motivado por la orientación sexual, la identidad de género[2] o la expresión de género[3] de la víctima, siguiendo la senda trazada por la Ley 2/2014, de 14 de abril , por la igualdad de trato y la no discriminación de lesbianas, gays, transexuales, bisexuales e intersexuales en Galicia. Puesto que dichos instrumentos fueron pensados para una actividad eminentemente presencial, hace falta replantear la estrategia de la universidad ante conductas perpetradas en el ámbito digital, propósito cuya consecución depende: 1) de la tipificación de las conductas de reciente aparición, 2) de la demarcación de espacios virtuales seguros y 3)  de la formación de todos los miembros de la comunidad universitaria para un aprovechamiento respetuoso de este nuevo ámbito.

  1. Tipificación de las conductas de reciente aparición. La mutación que este nuevo espacio desencadenó en la manera incluso de convivir obliga a redefinir algunos rasgos característicos del acoso. Lo anterior alcanza, por ejemplo, a la reiteración de la conducta prohibida. La permanencia de los contenidos publicados o transferidos a través de canales digitales, vinculado a su posible difusión masiva (o “viral”), permite un impacto creciente que no requiere de un esfuerzo activo por parte del agresor para perpetuar el padecimiento de la víctima. No en vano autores propugnan considerar que un comportamiento es reiterado cuando el agresor se contenta con no retirar un contenido publicado[4]. Si bien esta readaptación podría lograrse por vía interpretativa, tampoco estaría de más añadir a los protocolos un listado ejemplificativo de algunas conductas de nuevo cuño (v. gr. difusión o amenaza de difusión de contenidos íntimos sin el consentimiento de la víctima, persecución y contacto con la misma a través de diversos canales virtuales, publicación de contenidos denigrantes en medios digitales, etc.). El polimorfismo característico de estos comportamientos aconseja consignarlos en el protocolo con una doble finalidad: preventiva, ya que su tipificación puede obrar un efecto disuasorio para quien encuentre su actitud reflejada en la descripción de los hechos constitutivos de acoso; y defensiva, puesto que facilita la identificación de la conducta prohibida al órgano encargado de admitir la denuncia y de declarar la existencia de acoso.
  2. Demarcación y regulación de un espacio virtual seguro. La proliferación de canales virtuales de comunicación entre los miembros de la comunidad universitaria exige emprender una delimitación espacial. A fuerza de emplear aplicaciones y programas ajenos a la institución como punto de encuentro cotidiano, la convivencia se desbordó al otro lado del espacio sobre el cual la universidad despliega los poderes que el ordenamiento jurídico le confiere. Si no es difícil percibir los riesgos que supondría impartir docencia o trabajar fuera de las aulas o de los centros de trabajo, es preciso asumir aquellos que comporta la realización de esas mismas actividades en un entorno digital ubicado extra muros del campus virtual. Desde la entrada en vigor de la Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre , de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales cobraron relevancia los derechos digitales reconocidos a las personas trabajadoras, entre otros, el de preservar su intimidad en el uso de los dispositivos digitales suministrados por el empleador, incumbiéndole a este la fijación de los criterios rectores de su utilización. Este marco jurídico invita, primeramente, a invertir en espacios de convivencia virtual eficientes que hagan innecesario acudir a canales extraños a la institución. Y, seguidamente, a madurar una normativa que defina con claridad los instrumentos disponibles, sus usos autorizados y la vigilancia   que sobre los mismos se hubieran podido llevar a cabo, con el fin de recuperar el control sobre un ágora que dejó de ser emergente para consolidarse como habitual.
  3. Formación para la prevención y la actuación frente a ciberacoso . El idóneo uso de los instrumentos disponibles y la erradicación de las conductas violentas perpetradas y ,a lo mejor, propiciadas por este nuevo ecosistema virtual requiere de una reeducación de sus pobladores. Lo anterior implica conocer los riesgos que le son autóctonos y las reglas a respetar. En pro de una migración provechosa hacia este nuevo espacio, es preciso integrar una formación a la cual todos los colectivos de la comunidad universitaria sean permeables. Puesto que hoy no se entiende la investigación o la docencia sin el apoyo tecnológico que cataliza el progreso científico y el aprendizaje, la formación impartida debe abordar su manejo eficiente a la par que respetuoso con el marco jurídico vigente. Esta formación transversal no empiece la necesaria implantación de actividades formativas específicas, destinadas a poner en conocimiento de los diversos colectivos la normativa destinada a prevenir y actuar frente al acoso por razón de género, además de aquella llamada a fijar el uso correcto del espacio virtual de interacción. Se imponen especialmente valorar la existencia de esta formación interdisciplinaria en la selección de quien integre el órgano encargado de determinar  la existencia de actos constitutivos de acoso.

Se sugiere, en definitiva, una reconstrucción conjunta de los que hasta ahora constituyeron dos compartimentos normativos estancos: por una parte, el destinado a la prevención y a la  lucha ante el acoso, en atención a los riesgos inherentes al ecosistema virtual; y ,por otra banda, el regulador del ámbito virtual propiamente universitario, con el fin de delimitar los dominios de la institución de manera cuantitativa -trazando los confines de un espacio seguro- y cualitativo -concretando los poderes fiscalizadores y disciplinarios que aquella ostenta en orden a garantizar un espacio plural y libre de violencia.

[1] Se vea el Protocolo marco de actuación para la prevención y sanción del acoso sexual y por razón de sexo de la Universidad de Vigo.

[2] De la fe de esta evolución el Protocolo de prevención y actuación frente al acoso sexual y lo acoso por razón de sexo, orientación sexual e identidad de género de la Universidad de Santiago de Compostela, aprobado por el Consejo de Gobierno el 29 de julio de 2016 y modificado el 27 de octubre de 2016 y el 14 de noviembre de 2017.

[3] Incorporando una referencia a la expresión de género, se vea el Protocolo aprobado por el Consejo de Gobierno de la Universidade da Coruña el 30 de octubre de 2019.

[4] LÓPEZ RODRÍGUEZ, J., “Caracterización jurídica de él ciberacoso moral laboral”, en MELLA MÉNDEZ, L. (dir.) y VILLALBA SÁNCHEZ, La. (coord.) La revolución tecnológica y sus efectos en él comprado de trabajo: un reto de él siglo XXI, Wolters Kluwer (Madrid, 2018), p. 374 y URRUTIKOETXEA BARRUTIA, M. Acoso laboral y lesión de derechos fundamentales, Bomarzo (Albacete, 2014), p. 174.

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