EL ACOSO SEXUAL ES LA BASE DE LA PIRAMIDE DE LA VIOLENCIA DE GÉNERO por José Fernando Lousada Arochena, Magistrado, Docente y Escritor

19 noviembre, 2019 hablamos de feminismo, Violencia de género

 

Aunque la conciencia colectiva asocia inmediatamente la violencia de género a la violencia en la relación de pareja o expareja debido en gran medida al concepto restringido de violencia de género de la legislación española, y a las manifestaciones en principio más graves de violencia de género, como la violación y demás delitos sexuales, el acoso sexual es la manifestación más básica de violencia de género, a la vez que contiene en su estado más prístino los elementos conceptuales de la violencia de género.

 

Sin un análisis de género el acoso sexual es una conducta lícita e incluso socialmente aceptada como forma ordinaria de acercamiento sexual. Mientras que con un análisis de género es un comportamiento situado en la base de la pirámide de la totalidad de las manifestaciones de violencia de género. No resulta en absoluto una casualidad que entre las primeras teorizaciones de violencia de género precisamente figure la visibilización del acoso sexual (Catharine MacKinnon: Sexual harasment of working women, 1979).

 

A nada que se reflexione, ello encuentra su explicación en tres consideraciones:

 

— Que el acoso sexual obedece, no (como aparentemente se pudiera pensar) a las apetencias sexuales del agresor, sino a un determinado estereotipo de entendimiento de la sexualidad en el cual el hombre es el cazador (es el sujeto activo en la aproximación sexual) y la mujer es la presa (es un objeto pasivo con posibilidad limitada de acción).

 

— Que los estereotipos sexuales (como lo es el del hombre cazador / mujer presa) son un elemento básico del género como construcción social, pues se entiende que un hombre es hombre y una mujer es mujer si su comportamiento sexual se atiene al estereotipo sexual de hombre o mujer; o sea, el acoso sexual consolida todo el género.

 

— Que la tradicional licitud / tolerancia del acoso sexual determina que, sin incurrir en ilícito, los hombres puedan como sujetos activos del acoso situar a las mujeres como objetos pasivos actualizando en la realidad el estado de dominación / sumisión que está en la genética del patriarcado: así es como se perpetúa el género sin coste legal o social.

 

De la conjunción de esas tres circunstancias se concluye derechamente que el acoso sexual conecta directamente con la esencia del género como estructura de dominación más incluso que otras formas de violencia de género que en la conciencia social se identifican más claramente con la violencia de género, como ocurre con la violencia en una relación de pareja o ex pareja, o con la violación, agresiones o los abusos sexuales.

 

Bajo este paraguas argumental, se comprende la importancia del acoso sexual en la lucha por la igualdad efectiva, así como la trascendencia pública que, en las últimas décadas, se ha atribuido, entre otras cuestiones, a la acusación de acoso sexual de Anita Hill durante el proceso de confirmación de Clarence Thomas como Magistrado del Tribunal Supremo (magistrado de raza negra nominado a finales de los ochenta por Reagan). Todo lo cual se ha revelado con renovada actualidad en la campaña metoo que ha visibilizado numerosas situaciones de acoso sexual en Hollywood y entre famosos.

 

No resulta de extrañar, dada la trascendencia pública que desde la década de los ochenta tiene el acoso sexual en la vida pública estadounidense, que también el cine haya tratado la temática del acoso sexual. Vale la pena detenerse en las dos películas más destacadas.

 

La conocida película “Acoso” de Barry Levinson (1994) nos sitúa en el escenario inusual de un acoso de mujer a hombre donde la posición de poder (es decir la posición masculina) se atribuye a la mujer, mientras la posición de sumisión (es decir la posición femenina) se atribuye al hombre. Michael Crichton, autor de la novela en que se basó el guión de la película, le dio a la trama esa pincelada frívola al atribuir al sexo femenino los roles de género masculinos, y a la inversa, al atribuir al sexo masculino los roles de género femeninos. ¿Qué ocurriría si el hombre también respondiera al activo rol masculino? Pues que la película no tendría recorrido pues a la primera insinuación de Demi Moore, Michel Douglas se la llevaría a la cama … y se acabaría la película.

 

Al contrario que “Acoso”, la película “En tierra de hombres” (2006), dirigida por Niki Caro, e interpretada por Charlize Théron, aborda la temática del acoso sexual con más fidelidad a la realidad de las cosas. Y es que está basada en un caso judicial de notable importancia: el Caso Jensen versus Eveleth Taconist (1991), del Tribunal de Distrito de Minnesota. La empresa, que se dedicaba a la extracción de mineral de taconita, estaba integrada mayoritariamente por hombres con un pequeño grupo de mujeres que entraron en la empresa a través de una acción positiva. El ambiente de trabajo estaba fuertemente sexualizado a través de bromas obscenas, proposiciones, comentarios obscenos … De este modo, existían dos ambientes de trabajo: uno, el que afectaba a los hombres, libre de acoso sexual, y otro, el que afectaba a las mujeres, impositivo de acosos sexuales.

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