COVID-19: IGUALDAD DE GÉNERO, CONCILIACIÓN Y CORRESPONSABILIDAD por María Dolores Fernández Galiño, Valedora do Pobo.    

01 febrero, 2021 actualidad, actualidade, hablamos de feminismo, Noticias, Sin categoría

Los desastres, naturales o causados por los seres humanos, han acompañado siempre a la Humanidad. De ahí la existencia de estudios interdisciplinares sobre sus efectos económicos, sociales, demográficos, sanitarios, políticos … y por supuesto, también jurídicos, al extremo de hablarse de un derecho de los desastres (disaster’s law). Si algo se ha aprendido de la Historia y es algo en lo cual coinciden todos los estudios sobre los desastres, es que en un desastre están comprometidos los derechos humanos. Precisamente la salvaguarda de los derechos humanos es el tema estrella del derecho de los desastres. Y en particular, la igualdad de mujeres y hombres pues los desastres agudizan la situación previa de discriminación y son caldo de cultivo para la violencia de género; en suma, los desastres propician los retrocesos en el nivel de igualdad de género.

La pandemia causada por el coronavirus COVID-19, como desastre que es, también responde a estas consideraciones, y siéndolo además a nivel mundial, esas consideraciones se podrían proyectar sobre la situación de cualquier nación. Por ello, la necesidad de analizar a nivel nacional y a nivel universal el impacto de género de la pandemia causada por el COVID-19 ya ha sido destacada por los organismos internacionales, europeos, nacionales y autonómicos implicados en la igualdad de género.

— UN Women / ONU Mujeres ha diseñado una respuesta rápida y específica para mitigar el impacto de la crisis del COVID-19 en las mujeres y las niñas y garantizar que la recuperación a largo plazo las beneficie[1].

— El Instituto Europeo de Igualdad de Género (EIGE) ha realizado varios análisis de cómo el COVID-19 está impactando sobre la igualdad de género en diferentes áreas: trabajadores en primera línea[2]; impactos de género y salud[3]; trabajo no remunerado y tareas domésticas[4], dificultades económicas y género[5]; violencia de género[6]; y personas en vulnerabilidad[7].

— A nivel estatal, el Instituto de la Mujer ha elaborado una guía sobre “La perspectiva de género, esencial en la respuesta a la COVID-19”[8].

— A nivel autonómico, y limitándome a la Comunidad Autónoma de Galicia, la Secretaría Xeral de Políticas de Igualdade ha realizado diversas actuaciones en contemplación de la situación derivada del COVID-19.

La Valedoría do Pobo no ha interrumpido en ningún momento su actividad a pesar del estado de alarma, pasando su actividad de presencial a telemática, y apreciándose un incremento significativo de su actividad pues, además de las causas ordinarias, se abordaron diversas cuestiones asociadas a la situación generada por el COVID-19. En lo que ahora nos corresponde destacar, la Institución ha realizado diversas actuaciones en relación con la situación de pandemia desde una perspectiva de género y ha dado publicidad a recomendaciones de las autoridades sanitarias, además de análisis, desde los primeros momentos, de las consecuencias en perspectiva de género de la pandemia y de las medidas para combatirla.

Tomando en consideración las aportaciones de organismos de igualdad a todos los niveles y la propia actividad de la Valedoría do Pobo, esbozaré algunos aspectos derivados de la aplicación de la perspectiva de género a través de un cuádruple acercamiento: (1) las consecuencias de la enfermedad sobre la salud de las personas, en particular las personas dedicadas a los cuidados; (2) las consecuencias del confinamiento y medidas acordadas para combatir la enfermedad sobre los derechos con mayor dimensión de género, como la conciliación y la corresponsabilidad, o la violencia de género; (3) las consecuencias sociales, laborales y económicas derivadas de la enfermedad y/o de las medidas para combatirla; y (4) todo lo anterior en situaciones de multidiscriminación.

 

LAS CONSECUENCIAS DE LA ENFERMEDAD SOBRE LA SALUD DE LAS PERSONAS EN PERSPECTIVA DE GÉNERO, EN PARTICULAR LAS PERSONAS DEDICADAS A LOS CUIDADOS

 

Un primer acercamiento a la pandemia atendiendo a las consecuencias de la enfermedad analizadas en perspectiva de género obliga a considerar el sexo de las víctimas. Aunque los datos estadísticos oficiales aún no sean ni definitivos, ni completamente fiables dado que no se ha realizado el test a toda la población ni en España ni el resto del Mundo, dos tendencias se apuntan: hay más personas fallecidas del sexo masculino (lo que se suele justificar en que los hombres padecen más enfermedades pulmonares y cardiacas intercurrentes debido al mayor hábito tabáquico), mientras que hay más personas contagiadas del sexo femenino (lo que se suele justificar en que las mujeres se encuentran en primera línea de lucha).

Se deben analizar estas diferencias por sexo para no volver a caer en el error de realizar una Medicina solo para un sexo, que históricamente ha sido el masculino pues los ensayos clínicos hasta no hace mucho se venían realizando con grupos de población integrados solo por hombres (como ha ocurrido con la mayoría de los antinflamatorios al uso con el argumento de no incluir a las mujeres para proteger su fertilidad o porque sus cambios hormonales alterarían los resultados), y también solo considerando a los varones se han elaborado los protocolos médicos (es conocido el caso del infarto cuyos protocolos hasta no hace tanto solo consideraban los síntomas del infarto en hombres, aunque son diferentes los síntomas en mujeres).

Detectar los diferentes efectos de la enfermedad sobre la salud de los hombres y de las mujeres es el paso fundamental para abordar la emergencia sanitaria en los diferentes individuos y comunidades, y el cimiento de una política de salud en igualdad. La investigación médica y los servicios de salud deben evaluar el impacto en los dos sexos (factores biológicos) y de los roles de género (factores sociales) en las diferencias de salud existentes entre mujeres y hombres para servir mejor las necesidades de salud de las personas individuales. También se ha llamado la atención sobre la necesidad de incrementar la presencia de mujeres en la gobernanza de la salud, en los órganos de decisión y en los equipos de investigación.

 

El día 28 de mayo, día internacional de la acción por la salud de la mujeres, la Valedora do pobo emitió un comunicado destacando que a causa de esas diferencias biológicas y sociales, la pandemia que sufrimos ha sacado a la luz necesidades específicas de la salud de las mujeres: la situación de mujeres embarazadas, parturientas o lactantes contagiadas o en riesgo de contagio, y su incidencia en la salud del feto o recién nacido; las dificultades de denuncia de la violencia contra las mujeres; los delitos sexuales en red contra las mujeres; la conciliación en un entorno de confinamiento y el estrés adicional que trae consigo; la disminución de recursos económicos en sectores feminizados ya de por sí económicamente débiles (empleadas de hogar, camareras de hotel); o la prevención de la salud en profesiones feminizadas en primera línea de lucha contra la pandemia (médicas y sanitarias, cuidadoras, limpiadoras).

 

 

 

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Otro aspecto relevante desde la perspectiva de la salud se encuentra en relación con las mujeres embarazadas, parturientas o en estado de lactancia. Aquí hay dos aspectos a considerar. De un lado, el riesgo, que afecta a todas las mujeres embarazadas, parturientas o en estado de lactancia, a la par que al feto o al recién nacido, de acudir a servicios hospitalarios para los exámenes prenatales, para el parto y para la estancia post-parto, en especial si los hospitales están saturados a consecuencia de pacientes con COVID-19. De otro lado, las especialidades requeridas para el tratamiento de la mujer embarazada, parturienta o en estado de lactancia, ya contagiada de COVID-19, más el riesgo de contagiar al recién nacido.

Más que nunca en esta situación de pandemia se deberá estar a las recomendaciones de las autoridades sanitarias. Su difusión es necesaria para su conocimiento por las mujeres concernidas, sus parejas y familias, actuando como un elemento de tranquilidad. La Valedoría do Pobo de Galicia, consciente de la incertidumbre que aún hay sobre la transmisión del coronavirus, y coetáneamente con la declaración de pandemia por la OMS, ha dado publicidad a la guía con las pautas a seguir elaborada por el Ministerio de Sanidad de acuerdo con las recomendaciones de la propia OMS: “Manejo de la mujer embarazada y el recién nacido con COVID-19”.

Recibimos también quejas en relación con los diferentes criterios para permitir o no el acompañamiento durante el parto. Pedimos informe a la Consellería de Sanidade que contestó en el sentido que tras recibir nuestra solicitud procedieron a comenzar los trámites para la redacción de un protocolo consultando con la asociación de matronas ( una de las entidades firmante de una de las  quejas).

 

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El elevado porcentaje de contagio femenino encuentra una de sus causas -quizás no sea la única, pero sin duda es muy relevante- en que son mujeres quienes están mayormente en la primera línea de lucha contra la enfermedad encontramos colectivos profesionales altamente feminizados: el contagio se produce por el contacto personal, el contacto personal es propio del trabajo de cuidados, y el trabajo de cuidados es realizado mayormente por mujeres pues están feminizados el sector de la sanidad a todos los niveles (médicas, enfermeras o auxiliares), el sector de la dependencia (tanto la atención domiciliaria como en residencias de mayores), el cuidado de niños, el empleo en el hogar y el sector de limpieza.

Todos estos trabajadores, mayormente mujeres, van a estar en contacto con personas contagiadas en una mayor medida que otros sectores profesionales. Aquí nos encontramos con una consecuencia de la segregación profesional entre los sexos (las llamadas paredes de cristal). Una segregación profesional determinante de unas condiciones de empleo y trabajo inferiores a las de otros sectores profesionales masculinizados donde los empleos son más seguros, las retribuciones mayores y en general mejores las condiciones de trabajo. Paradójicamente, las profesiones de cuidado se erigen en las profesiones más necesarias en estos momentos para el tratamiento de personas enfermas y la contención de la enfermedad.

A la vista de estas consideraciones, hay un creciente consenso social e institucional en la necesidad de atribuir mayor valor al trabajo de cuidados en todas sus variantes. Un consenso que roza la unanimidad cuando la opinión emana de organismos de igualdad, pues se trata de un llamamiento que encontramos en ONU Mujeres, el EIGE o en el Instituto de la Mujer. Los desafíos crecientes a los que se enfrentan las personas dedicadas al trabajo de cuidados deben conducir a una mejora de su reconocimiento social que debe traer aparejado una mejora de sus condiciones de trabajo, con empleos más estables y trabajos mejor remunerados en términos comparativos con otros trabajos de igual valor.

La preocupación por este colectivo ha sido el motor de diversas actuaciones de la Valedoría do Pobo bajo la idea de “cuidar a quienes nos cuidan”. En este sentido, las inquietudes relativas a la ausencia de equipos de protección y de pruebas PCR fueron comunicadas a la Valedoría desde el momento inicial de la declaración del estado de alarma. Tramitamos las quejas e iniciamos investigaciones de oficio para abordar la cuestión planteada en relación con el personal sanitario, sociosanitario y de ayuda en el hogar. En caso de denuncia de ausencia de EPIS en empresas privadas, informamos a las personas denunciantes sobre la posibilidad de poner los hechos en conocimiento de la inspección de trabajo. Contactamos también con el Defensor del Pueblo, a la vista de que la normativa emanada del Estado establecía condiciones relativas al manejo del material sanitario.

 

LAS CONSECUENCIAS DEL CONFINAMIENTO Y MEDIDAS ACORDADAS PARA COMBATIR LA ENFERMEDAD SOBRE LOS DERECHOS CON MAYOR DIMENSIÓN DE GÉNERO

 

Frente a la situación de pandemia, los poderes públicos han reaccionado con medidas diversas, en particular de confinamiento, lo que nos conduce a analizar cómo esas medidas, en particular el confinamiento, han afectado a las mujeres diferencialmente con los hombres. Bajo esta perspectiva de acercamiento, hay dos temas estrella: de un lado, el incremento de las necesidades de conciliación atendiendo al cierre de las guarderías, colegios y, en general, centros educativos, así como por la reagrupación en muchos casos de los padres mayores en los domicilios de sus hijos; de otro lado, el aislamiento al cual se encuentran sometidas las víctimas de violencia de género, dificultando las medidas para combatirla.

 

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La cuestión de la conciliación y la corresponsabilidad ha merecido atención legislativa a nivel estatal. A estos efectos, el RDL 8/2020 ha adoptado dos medidas sobre las cuales conviene realizar algunos apuntes.

La primera medida es la preferencia del trabajo a distancia, obligando a la empresa a “adoptar las medidas oportunas si ello es técnica y razonablemente posible y si el esfuerzo de adaptación necesario resulta proporcionado”, y a la persona trabajadora a aceptarlo. Pero el teletrabajo no tiene más regulación específica que la de un Acuerdo marco europeo de 2002 que ni siquiera es de obligatoria transposición, y el trabajo a distancia está escasamente regulado en el Estatuto de los Trabajadores, artículo 13. Tan escasa regulación no ayuda a su implantación, y en todo caso una futura regulación exige afrontarse en perspectiva de género, con propuestas de mejora para favorecer la corresponsabilidad y corrección de las desventajas que se asociación al teletrabajo como la dificultad de desconectar, o la existencia de controles abusivos sobre la actividad laboral. Si no utilizamos la perspectiva de género, la futura regulación del teletrabajo lo puede convertir en una forma de potenciar las desigualdades.

La otra medida recogida en el RDL 8/2020, que se titula como Plan Mecuida (art. 6), es el reconocimiento de un derecho de la persona trabajadora a la reordenación / reducción de la jornada de trabajo cuando su cónyuge, pareja o familiar de la persona trabajadora padezca el COVID-19, estuviera en centros educativos o de cuidado que hayan tenido que cerrar por causa del COVID-19, o cuando la persona que cuidaba al cónyuge, pareja o familiar no pudiera seguir haciéndolo por causa del COVID-19. Pero la reducción de jornada trae consigo la reducción del salario, y sin que haya una prestación social que cubra la diferencia. Sí resulta muy positiva la potenciación del derecho a la presencia al permitir la reordenación, no solo de la jornada, también el cambio de centro de trabajo, de funciones, de forma de prestación del trabajo, incluyendo la prestación de trabajo a distancia, o cualquier otro cambio de condiciones que estuviera disponible en la empresa o pudiera implantarse de modo razonable y proporcionado.

Seguramente consciente de que estos derechos de conciliación suelen degenerar en un ejercicio femenino, la norma, con buena intención, invoca la corresponsabilidad, lo cual permite explicar la exclusión de los parientes por agnación (aunque la exclusión puede tener el efecto perverso de que la mujer trabajadora abandone el trabajo para cuidarlos), pero más allá de ello, no es fácil concluir cómo se puede implementar la corresponsabilidad si no es a costa de violentar la privacidad del matrimonio, pareja o familia.

No parece que estas normas, si no van acompañadas de reformas profundas en la regulación del teletrabajo o de una mejora de la cobertura económica de los derechos de conciliación de las personas trabajadoras, o en general de la red de cuidados, sean suficientes para exorcizar el riesgo sobre el cual están alertando todos los organismos de igualdad: que los estereotipos de género, en vez de desmantelarse, se refuercen en esta situación de pandemia a través de una mayor dedicación de las mujeres a las labores de cuidado dentro de los matrimonios, las parejas y las familias.

Se tramitan varias quejas por excluir de la prórroga, hasta el 30 de diciembre de 2020, de los contratos de investigación, que concluían el 30 de junio, a 4 personas, 3 mujeres y un hombre, que tuvieron permisos de maternidad/paternidad. Denuncian en la queja que tenían la garantía de participar en la convocatoria de contratos de la modalidad B en las mismas condiciones que el resto de los candidatos y que ello ya no va a ser así.

 

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Un aspecto vinculado a la vida de las familias que se ha visto alterado por la situación de confinamiento ha sido en relación con el cumplimiento del régimen de custodia y visitas de menores en matrimonios separados o divorciados, o parejas rotas. La inquietud fue canalizada por varios Centros de Información de la Mujer y provenía de madres preocupadas por el riesgo de contagio derivado de la entrega de los menores, y a su vez el temor, si no los entregan, de ser denunciadas por incumplimiento. Siendo necesario incidir sobre competencias estatales para resolver la cuestión, la Valedoría se dirigió al Defensor del Pueblo solicitando se valorase la conveniencia de iniciar una actuación de oficio.

 

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“Todos nos enfrentamos a importantes riesgos psicológicos debido al aislamiento o la cuarentena, pero las mujeres y a veces también los niños en domicilios no seguros viven una situación particularmente delicada”, afirmó Evelyn Regner, presidenta de la Comisión de Derechos de la Mujer del Parlamento Europeo, el 7 de abril en una rueda de prensa y añadió: “Debemos prestar atención a esta cuestión y ampliar las medidas para atajar la violencia contra las mujeres”. La situación de las mujeres que sufren violencia de género es alarmante pues ha estado atrapadas con sus agresores, y previsiblemente lo seguirán estando. Hay mujeres cuya situación económica vulnerable las empujará a continuar con sus agresores.

Nos encontramos con una cuestión sobre la cual los organismos de igualdad a todos los niveles han manifestado su preocupación y que se ha visto corroborado en nuestro país por el incremento de las denuncias. Los poderes públicos han intentado superar estas dificultades con medidas que facilitaban las denuncias de mujeres maltratadas (como la mascarilla-19).

Sobre esta cuestión la Valedoría do Pobo ha realizado varias actuaciones: una muy tempranera actuación, en el lunes siguiente a la declaración del estado de alarma, se dirigió a comprobar la accesibilidad y atención de los Centros de Información a la Mujer durante el estado de alarma; se ha investigado, y se han removido, ciertas dificultades surgidas para solicitar ayudas por violencia de género dada la carencia de certificados digitales y la imposibilidad de acudir a los servicios de manera presencial;   se ha dado publicidad a las medidas adoptadas por el Gobierno de España para la protección de las víctimas de violencia de género en la situación actual de pandemia; y también se ha dado publicidad a las medidas adoptadas en la misma materia por la Secretaría Xeral de Igualdade de la Xunta de Galicia.

 

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Otras manifestaciones de violencia de género seguramente se potenciarán también a causa de la pandemia. Europol ya ha advertido de que la delincuencia organizada se está adaptando a las debilidades sistémicas de las sociedades y de los poderes públicos con la finalidad de reorganizar las rutas de tráfico de personas y de encontrar otras nuevas formas de atraer a las posibles víctimas, principalmente mujeres, para ser explotadas sexualmente, y niñas (también niños) para pornografía infantil. También se alerta sobre un previsible incremento de los ciberdelitos sexuales: el grooming, el stalking, la sextorsión, o el revenge porn.

 

LAS CONSECUENCIAS SOCIALES, LABORALES Y ECONÓMICAS DERIVADAS DE LA ENFERMEDAD Y/O DE LAS MEDIDAS PARA COMBATIRLA

 

Hay un tercer acercamiento a las consecuencias de la enfermedad y/o de las medidas para combatirla, y se puede reducir en apenas dos palabras: crisis económica, que ya está aquí, pero sus resultas todavía no se aprecian en todo su alcance. En la cual también encontramos una óptica de género.

No es difícil identificar determinadas profesiones feminizadas a las cuales afectara sobre manera la crisis económica. Pensemos en la alta feminización del comercio, el turismo y la hostelería. En sus últimas proyecciones la OCDE prevé que el turismo tendrá una reducción de actividad del 70%, y ello impactará sobre manera sobre las mujeres.

Las empleadas de hogar son otro sector muy afectado al que no siempre alcanzarán las ayudas públicas. Y es que la extensión del desempleo a las empleadas de hogar ha llenado un vacío largamente reclamado, pero las ayudas no llegarán al empleo del hogar sumergido.

La Valedoría do Pobo ha actuado en concreto en relación con otro sector feminizado: el sector marisquero gallego. Una actuación de oficio permitió comprobar que la Consellería competente había adoptado medidas en varios ámbitos: reparto de mascarillas y otras medidas para preservar la salud de las personas trabajadoras; apertura de líneas de ayuda económica; y control sobre los productos para garantizar el consumo de los productos.

En general, las mujeres ocupan trabajos más precarios y peor remunerados: son una mayoría muy elevada en el trabajo a tiempo parcial (en España, alrededor del 75%), y en muchos trabajos de temporada fijos discontinuos (en Galicia, son mayoría en las empresas conserveras), y el porcentaje de mujeres en empleos temporales es superior al de hombres. Previsiblemente, los empleos más precarios sufrirán más las consecuencias de la crisis económica, y de nuevo sobre ello encontramos alertas de todos los organismos de igualdad. Hay que estar atentos a la evolución futura.

 

SITUACIONES DE MULTIDISCRIMINACIÓN

 

Todos los anteriores acercamientos a las consecuencias del COVID-19, o de las medidas para combatirlo, se pueden ver complicados cuando la mujer afectada se encuentra en una situación de vulnerabilidad por la concurrencia de otras causas de discriminación añadidas al sexo / género. En este sentido, se ha llamado la atención sobre la situación de especial vulnerabilidad como consecuencia del COVID-19 en la que se pueden encontrar determinados colectivos: mujeres y niñas refugiadas, que pueden ser más fácilmente captadas por redes de explotación sexual; mujeres en situación de prostitución, que, para satisfacer sus necesidades vitales, acaso se vean compelidas a relaciones sexuales aún con riesgo de contagio …

Las personas mayores, un colectivo muy feminizado dada la mayor longevidad de las mujeres, ha ocupado la atención de la Valedoría do Pobo. Recibimos quejas sobre la situación de algunas residencias de personas mayores. Tramitamos las quejas e iniciamos además una investigación de oficio para conocer con detalle la situación. En todos aquellos servicios que quedaron sometidos a las autoridades competentes señaladas en el decreto declarando estado de alarma, trasladamos el asunto al Defensor del Pueblo.

Las personas con discapacidad también han ocupado la atención de la Valedoría do Pobo. Recibimos quejas de asociaciones de personas sordas, que se resolvieron satisfactoriamente, por la falta de un servicio diario y las 24 horas de intérprete de lengua de signos para la atención sanitaria de las personas sordas, así como las carencias de accesibilidad para esas personas en la información necesaria para prevenir el contagio del coronavirus. Difundimos una comunicación sobre los derechos de las personas con discapacidad en la emergencia sanitaria, en la que resaltamos la importancia de mantener un contacto permanente con las entidades de defensa de esos derechos, lo que estamos haciendo de forma frecuente.

Las personas en situación o en riesgo de exclusión social son también un colectivo vulnerable, situación que se puede agravar en el caso de mujeres hasta el punto de poder hablar de una auténtica feminización de la pobreza. Iniciamos una investigación de oficio para que no se paralizaran los expedientes de tramitación de las rentas de inclusión social y para que se simplificaran los trámites para la admisión a trámite de nuevas solicitudes.

Igualmente, la Valedoría realizó un llamamiento, ya en los primeros momentos del estado de alarma, alertando sobre la discriminación contra el Pueblo Gitano en el contexto de la situación creada por el COVID-19. Además, el 8 de abril, Día del Pueblo Gitano, emitimos un comunicado sobre la necesidad de remover los perjuicios y de promover la inclusión plena contando con las mujeres, los hombres, las niñas y los niños gitanos.

Finalmente, la Valedoría do Pobo ha realizado diversas actuaciones en relación con colectivos discriminados por su orientación sexual o por su identidad de género. Así, la Valedoría emitió un comunicado alertando sobre el riesgo de incremento de conductas LGTBI-fóbicas, y, en particular, sobre la situación de aislamiento en la que se encuentran aquellas personas a quienes su familia no reconoce su identidad de género y que, por las circunstancias del COVID-19, están confinados con ella. También, después de una reunión virtual con la asociación de defensa de los derechos de los menores trnas, se dio cauce a la inquietud de diversas asociaciones de que, por causa de la paralización de los plazos administrativos y judiciales, los expedientes de cambio de sexo ante los Registros Civiles, ya de por sí lentos, se demorasen aun más en perjuicio de los derechos de las personas; tratándose de una cuestión propia de competencias estatales, la Valedoría en este caso se dirigió al Defensor del Pueblo para que actuase al efecto.

 

UNA PEQUEÑA CONCLUSIÓN PARA ACABAR LA EXPOSICIÓN

 

Todo lo anterior no pretende ser un elenco exhaustivo, sino simplemente ejemplificativo, de la trascendencia de la perspectiva de género para analizar la pandemia del COVID-19, y las consecuencias que consigo ha traído. Únicamente se pretende alertar sobre la necesidad de superar la situación ocasionada por la pandemia avanzando en una mayor igualdad de género y sin que haya un retroceso. Resulta oportuno recordar para acabar las siguientes palabras de Simone de Beauvoir: “No olvidéis jamás que bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados. Estos derechos nunca se dan por adquiridos, debéis permanecer vigilantes toda vuestra vida”.

 

Muchas gracias por vuestra atención.

 

 

 

[1] https://www.unwomen.org/es/news/in-focus/in-focus-gender-equality-in-covid-19-response/un-women-response-to-covid-19-crisis

[2] https://eige.europa.eu/covid-19-and-gender-equality/frontline-workers

[3] https://eige.europa.eu/covid-19-and-gender-equality/gender-impacts-health

[4] https://eige.europa.eu/covid-19-and-gender-equality/unpaid-care-and-housework

[5] https://eige.europa.eu/covid-19-and-gender-equality/economic-hardship-and-gender

[6] https://eige.europa.eu/covid-19-and-gender-equality/gender-based-violence

[7] https://eige.europa.eu/covid-19-and-gender-equality/people-vulnerable-situations

[8] http://www.inmujer.gob.es/diseno/novedades/IMPACTO_DE_GENERO_DEL_COVID_19_(uv).pdf

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