28 DE MAYO, DÍA INTERNACIONAL DE LA ACCIÓN POR LA SALUD DE LAS MUJERES El DERECHO FUNDAMENTAL A UNA SALUD INCLUSIVA

27 mayo, 2021 actualidad, actualidade, Noticias

 La satisfacción del derecho a la salud de las personas por los poderes públicos es un pilar esencial del Estado de bienestar y en esta época de pandemia se intensifica ese papel central de la salud en las políticas públicas. Pero el derecho a la salud de las personas no se concreta de manera uniforme, sino que obliga a considerar las diferencias biológicas y sociales entre las mujeres y los hombres en las políticas de salud y en su ejecución. Aplicar miméticamente a las mujeres los diagnósticos y tratamientos ensayados sólo en hombres, o los protocolos médicos diseñados para hombres, es incumplir el derecho a la salud de la mitad de la población.

El derecho a la salud es un derecho humano, reconocido por Naciones Unidas y por la Organización Mundial de la Salud, que establece que “el disfrute del grado máximo de salud que se pueda lograr es uno de los derechos fundamentales de todo ser humano sin distinción de raza, religión, ideología política o condición económica o social”. Pero la evidencia demostrada es que hay una morbilidad femenina diferencial en el conjunto de enfermedades, motivos de consulta o factores de riesgo, que afectan, exclusivamente, a las mujeres. También nos recuerdan los organismos internacionales multilaterales que, en la sociedad actual, las mujeres y las niñas deben estar protegidas porque representan a la población más vulnerable en el que a la salud se refiere y, por tanto, sus necesidades deben ser prioritarias en cualquier país del mundo.

El 28 de mayo, como Día internacional de acción para la salud de las mujeres, es un momento oportuno para reivindicar el derecho a su salud, en particular cuando la pandemia corroboró la necesidad de tomar en consideración las diferencias biológicas y sociales entre mujeres y hombres. Patologías como la fibromialgia, el dolor y la fatiga crónica, o la essure ginecológica, deben dejar de pertenecer a lo que se conocen como enfermedades “incomprendidas” o “invisibles”, incluso cuando estos diagnósticos se den, en un 90%, o en algún caso en un 100%, en mujeres, con lo que ello implica de sesgo discriminatorio en su investigación y tratamiento. Esta falta de visibilidad normativa se ve en el caso de la fibromialgia que, a pesar de estar considerada por la OMS cómo enfermedad desde 1992, no está incluida expresamente en el baremo del Real Decreto de 1999 para el reconocimiento, declaración y calificación del grado de minusvalía.

Hagamos de esta conmemoración universal una buena ocasión para crear conciencia sobre la necesidad de introducir la perspectiva de género en este campo con el fin de reconocer, hacer visibles y estudiar las diferencias biológicas y sociales; conocer cómo se relacionan entre sí; comprender como la construcción social del género afecta a la salud; introducir a las mujeres en la gobernanza de la salud y capacitar al personal sanitario en materia de igualdad y no discriminación por razón de género.

 

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